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lunes, 6 de julio de 2009

La partida

Estaba la Muerte jugando al ajedrez.
-Jaque mate-dijo la Muerte.
-¡Pero si el caballo no se puede mover asi!
-Ya lo creo que se puede-sonrió la Muerte, afilando la guadaña.

Panico a una muerte ridicula

Toda la vida había temido la muerte, y se había preparado para ella. Hizo todos los preparativos para su partida a la edad de treinta años, dejando testamento y todo bien atado, y dedicó gran parte de sus ahorros a construir un mausoleo de marmol y alabastro, tallados por la hábil mano del mejor escultor del momento. Tal era su celo por que todo el mundo le recordara que gastó lo poco que le quedaba en pagar a un periodico de gran tirada para que, al dia de su muerte, le dedicaran un artículo de cinco páginas. Pensaba que de aquella manera nadie le olvidaría.
Desgraciadamente, lo encontraron sentado en el retrete de su casa; una de sus hemorroides había estallado, desangrandole internamente sin que que se enterarse.

(El final esta poco desarrollado...necesita una punchline mas mordaz. Pero no encontraba las palabras...y ya se va a quedar asi)

(Sin titulo)

Era un buen día para empezar una nueva vida.
Saltó.

Solo en la oscuridad

Solo en la oscuridad húmeda, se preguntaba qué era exactamente lo que había hecho mal. ¿Había sido aquel ramo de flores que había olvidado comprarle? ¿O aquella vez que, medio en broma medio en serio, le había dicho lo gorda que estaba su madre? O quizás aquella otra vez...
No sabes medir tus palabras, Alberto, no sabes.
Y ya le empezaban a doler las uñas de arañar la tapa de caoba...

miércoles, 27 de mayo de 2009

Eppur si muove

Sacó la pistola y amartilló el gatillo.
Apuntó.
Disparó.
El percutor golpeó el casquillo, prendiendo la polvora y haciendola inflamarse. UNa deflagración; algo arde tan rapido que explota. La explosión proyecta la bala a 340 metros por segundo y se estampa en su pecho.
A veces la evolución técnica no es tan amigable como parece.
Y sin embargo se mueve.

viernes, 15 de mayo de 2009

El Gran Teatro

Las ultimas notas de piano suenan y cae el telón.
El publico se queda petrificado en los asientos. No sabe bien que pensar. ¿Qué es eso que acaban de experimentar? Aquello que acaban de ver...¿era alegre o triste? ¿Deberían llorar o reir?
Timidamente, alguien aplaude. Muchos le siguen, y algunas lágrimas se derraman sobre el suelo enmoquetado. Algunos quieren esconder las caras; algo tan bello, tan alegre y tan extraordinariamente triste al mismo tiempo les ha sacudido como si fueran briznas de hierba en una tormenta.
¿Han entendido de que iba? Puede que si, puede que no. Despues hablarán entre ellos, comentarán lo que mas le gustó y lo que sencillamente no debería haber estado allí, y se darán cuenta de que lo habían entendido todo al revés. A veces lloramos cuando deberíamos reir, y viceversa.
Una vez han comprendido lo que quería decir, se arrepienten y entristecen de verdad. Ojalá pudieran volver a experimentarlo de nuevo, de verdad, haber dicho todo lo que tenían que decir, aunque pareciera fuera de lugar. Pero la vida solo se vive una vez.
Y por eso vale la pena vivirla.

viernes, 8 de mayo de 2009

Con un poco de azucar...

(Si estas de buen humor leelo luego. No quiero arruinarte un buen rato...)

Da igual como te hayas despertado hoy.
Da igual como haya pasado el dia, y si ha sido fantastico y maravilloso y divertido.
¿Sabeis...esa mosca que no puedes quitarte de detrás de la oreja? Lo único que hace es zumbar y zumbar...puedes pasarte un rato sin oirla, pero al cabo de un poco vuelve...
¡Hoy vamos a hablar de algo divertido!
Vamos a hablar de la muerte.
No de esa muerte de los libros de terror...ese golpe fatidico y repentino, o quizás horrible que te revuelve las tripas. No esa muerte de las peliculas de acción, que es rápida e inexpresiva, e incluso a veces hilarante. Ni los libros ni las peliculas ni nada...nada consigue hablar bien de la muerte.
¿Que es la muerte?
a) Pérdida de actividad cerebral y pulso.
b) Angustia terminal de aquellos que rodeaban al difunto.
Según nuestra gran fuente inagotable de omnisapiente conocimiento, la wikipedia, sinonimos de muerto son occiso (muerte violenta) y difunto. Lo occiso es horrible. Lo difunto es horrible. Todo ello es horrible.
No es facil apartar de la mente los morbosos pensamientos de la muerte. Sin llegar mas lejos, yo ahora mismo podría estar pensando en alegres animales Disney, cantando y brincando (la mierda cantante y danzante de la tierra), pero...no. Aqui me veis, muerte, muerte, muerte.
Cuando te mueres, tus células, esos pedacitos de vida que un buen día decidieron vivir en comuna hippie, deciden que ya es hora de cerrar el negocio. Ya no hay metabolismo...a menos que pensemos en las bacterias, claro. Empiezan a cebarse de las celulas muertas, y en un tiempo relativamente corto...no hay nada.
Bueno, algun trozo sin importancia.
Por supuesto, quedan pedazos de memoria en las cabezas de aquellos que te conocían...pero la memoria falla. Fallar es humano. Y quizás...quizás se olviden en menos tiempo del que te gustaría...
¿Y ahora que?
Nada.
Todo se muere. Nada es eterno. La mona lisa se cae a pedazos.
Sería mas facil pasar un buen rato...si no fuera por toda esa gente (y animales, eso es) que no paran de morirse a nuestro alrededor.
Parad ya de moriros. Con tanta pena no nos dejais vivir en paz.

jueves, 23 de abril de 2009

Mañana de abril

Fue una mañana de abril. Él no quería compartir sus recuerdos, y miró el madero de la mesa.
Madero. Mesa.
¿Queda el espíritu del árbol en esa mesa, en esos pedazos de madera? Quizás le podrían preguntar, y la voz de la savia y de las hojas respondería:
-Recuerdo la brisa haciendome cosquillas en las hojas. Recuerdo la sensación del agua trepando por el interior de mi, de la savia fresca. Recuerdo el rumor de las piedrecillas, el canto de los pajaros en mis ramas y de los animales pasando a mi alrededor, viviendo a mi alrededor. Y yo un gigante en el bosque.
La madera se agitaría por el recuerdo, estremeciendose.
-También recuerdo el ruido de los camiones de los hombres, de los pasos de las botas aplastando la hierba y de los motores poniendose en marcha. Recuerdo esquirlas de metal, unidas, perforandome el tronco, esparciendo trozos de mi por doquier, hasta seccionarme por la mitad. Y el vértigo, cuando mi copa cayó, cayó y se etrelló contra el suelo. Luego me quitaron las ramas y me arrancaron la corteza, y me apilaron junto con otros cadáveres para que al evaporarse el agua de mi tronco no me doblara y mi muerte hubiera sido en vano. Recuerdo la radial al cortarme en tablones, y las sierras al cortarme en trozos pequeños. Las lijas arrancandome los trozos rotos, astillados. El ensablado final. Y la caricia de la brocha empapada en barniz, que no es otra cosa que la sangre de otro árbol, diluida en un disolvente.
Quizás su interlocutor sentiría pena.
Quizás no.

miércoles, 22 de abril de 2009

No apto para amantes de los coches

Sales a la calle. Esta llena de coches y de humo. De coches.
Vehiculos cromados, balas grandes que se llenan de gente y se estampan contra los quitamiedos a ciento cincuenta kilometros por hora. Mira como choca a camara lenta.
Primero, el piloto, que no estaba atento a lo que tenía delante. Estaba escuchando, sin escuchar, la bronca de su mujer. En realidad estaba pensando en lo que le dolían los pies, en cuantos años le quedaban a la hipoteca, en el precio de la gasolina y en lo atractiva que era aquella chica en la gasolinera. Quien fuera unos pantalones vaqueros.
Los niños que chillan en el asiento de atrás tampoco ayudaban mucho a que se concentrara en la carretera. Niños, niños, dejad tranquilo a papá, chillaba la mujer. Para que pueda gritarme ella, pensaba papá.
La cara del conductor se vuelve repentinamente hacia la calzada, como recordando a qué tenía que estar atento. Da un volantazo, y la puerta izquierda se abolla al chocar contra aquel coche que le estaba adelantando y que él no había visto, pensando en los vaqueros. Las ruedas chirrían en el asfalto caliente, tres carriles, diez metros y medio de alquitrán y grava que le separan del quitamiedos.
El vehiculo hace un par de eses, y se acerca inevitablemente a la larga cinta de metal moldeado.
Se estrella.
Primero el morro se arruga, lentamente, y las esquirlas de cristal de intermitentes y faros saltan en todas direcciones. El morro se arruga como un acordeón, comprimiendo el motor y destrozandolo. El lado derecho es el que ha golpeado primero la barrera.
Las ruedas traseras del coche comienzan a elevarse del suelo, y comienza la primera vuelta de campana del coche. Pasen y vean, el circo de lo increíble; observen como un pedazo de metal de 1750 kilos, (con un varon, 36 años, caucasico, 92 kilos; una hembra, 34 años, caucasica, 89 kilos; un varon, 8 años, caucasico, 45 kilos y una hembra, 12 años, caucasica, 50 kilos) anula temporamente los efectos de la gravedad y se eleva tres metros por encima del suelo, dando vueltas de campana.
Pasen y vean.
Primera vuelta. El conductor se golpea la cabeza contra el volante, y comienza a sangrar. Los niños chillan, pero ahora el tono es diferente. El niño, que no tenía el cinturón de seguridad abrochado, ha atravesado como una bala el parabrisas, y su grito se aleja con efecto doppler. La mujer se golpea la nuca contra el reposacabezas mal posicionado y queda inconsciente. La niña tenía el cinturón puesto.
Segunda vuelta. El parabrisas roto inunda los asientos de astillas de cristal, y con ellos a los ocupantes de dentro. Los airbags mal regulados saltan, y la mujer, inconsciente en el asiento de delante, no se da cuenta de que sus vias respiratorias estan repentinamente cerradas.
Tercera vuelta. La cara del conductor sangra, llena de cristales. La niña sigue chillando.
Cuarta vuelta. El coche esta vertical, con el morro clavado en el suelo. No llega a completar la vuelta y cae, quedando sobre el capó.
Hay un olor a gasolina en el aire.
Y el motor destrozado aun quiere quemar gasolina.
Los coches son ataúdes con ruedas.