lunes, 8 de junio de 2009

Lucha I

-Has acabado con mi paciencia, Grumdril-dijo el jefe, levantandose de su trono de pieles-Desenfunda tu acero; a ver si esta tan afilado como tu lengua.
El joven guerrero Grumdril sacó su espada y adoptó una posición de combate. La ocasion que habia estado esperando estaba ante él; por fin el jefe se había decidido a pelear con él, y era su oportunidad para derrotarle y hacerse con la aldea. Sería el jefe, por fin.
Fubar, el jefe, desenvainó a su vez su espada. Acero nórdico, duro y a la vez flexible. Había sido la espada de un rey, robada hacia años en un saqueo en el que participó Fubar. La hoja estaba algo mellada, pero con ella le cerraría la boca de una vez por todas a aquel niñato insolente.
El acero trazó una parabola, rápido como el pensamiento. El joven Grumdril era bueno, pero su postura tenía muchos huecos; acabaría con él muy rápido.
Sin embargo, su espada se desvió de su trayectoria. Grumdril había desviado su corte, y ahora estaba caminando en circulos a su alrededor...

sábado, 6 de junio de 2009

La extraña

La noche se marchitaba a su alrededor como una flor seca. Había pasado horas y horas en vigilia constante, trabajando, hablando, bebiendo hasta la embriaguez...y ahora el mundo a su alrededor parecía dar vueltas.
Estaba intentando centrar su vista la esfera del reloj de pulsera cuando una mano le tocó en el hombro.
Alzó la vista, y allí estaba ella.
Dulce y perfecta como una flor, sus pies flotando etéreos como el aroma de la lluvia. Sus ojos azules se clavaron en él, expectantes y asustados como los de un cervatillo. Él no comprendía por qué ella le miraba así.
-Que...¿que te pasa...?-inquirió, tambaleandose hacia atrás. Ahora lamentaba haber bebido tanto.
Ella tembló como una hoja en una tormenta y se aferró a las solapas de su chaqueta. De su pelo llegaba un aroma a flores. Instantáneamente, él deseo abrazarla, tomarla para si, pero se controló. Estaba borracho, pero no era un maleducado.
-Por favor...¿puedes acompañarme? Hace frío...y estoy tan sola...-su voz era suave y melodiosa. Y sensual.
No podía resistirse a semejante petición, y tampoco a semejante mujer. Se quitó la chaqueta y se la puso por encima de los hombros a la chica, mientras con un brazo la cobijaba.
-Venga...te llevare...solo dime...dónde-titubeó.
Ella le miró y sonrió. Ya lo tenía en la palma de su mano. Ahora solamente tendría que llevarlo a algun callejón oscuro...y habría terminado el encargo.

Poesia de estas cutres que parecen escritas en el borde del libro de lengua

Ya lo pensaste, amiga
ya sabes que todo acaba en desastre.
La decisión sombría de una vida sin sueños
sería vivir sin amarte.
Y aunque me quede el arte,
sería escapar de lo bueno,
mandarlo todo al traste.
Asi que dejame besarte
y soñar.

miércoles, 3 de junio de 2009

¡Libre!

El cielo estaba azul, un azul penetrante y limpio que bañaba la vista con su resplandor. Pequeñas nubes lo salpicaban aqui y alla, y él caminaba sobre los tejados con paso elástico.
Tranquilo.
Solo tenía que resbalar un pie y caería al suelo, pero no iba a ocurrir. Estaba tranquilo, relajado, disfrutando del sonido del viento en sus oidos, del murmullo lejano de la calle bajo él. De la luz del sol tardío bañandole las mejillas.
Se sentó en lo alto de un tejado, mirando el devenir de las hormiguillas, con sus coches y sus preocupaciones.
Sonrió.
Se sentía libre.

La primera vez

Estaba sentada en un banco, como todos los dias.
A su alrededor pasaban los chicos jovenes, despreocupados y alegres unos, tristes y callados otros. Cuando ella había sido joven los chicos y las chicas estudiaban en sitios separados. Veía a los niños en la calle de enfrente, caminando en grupos, y se preguntaba que era lo que pensaban. Los chicos la miraban y ella se escondía.
¿Se preguntarían los chicos lo que ella pensaba o sería como todas sus amigas le decían?
Ten cuidado con los chicos. Los chicos solo quieren una cosa.
Lo guardó con celo y cuidado, y al final se lo entregó a alguien, alguien que la trató con dedos nerviosos y torpes. La primera vez no fue agradable. Ni siquiera disfrutó de los nervios y la emoción de hacer aquello.
Las siguientes veces fueron mejores, pero no mucho más.
No tenía sentido arrepentirse, y de hecho no lo hacía. El ser impulsivo formaba parte de ser joven, y asi tenía que ser. Era lo mejor. Era lo correcto.
Un sonido a su lado la sobresaltó. Un hombre mayor, con un sombrero de fieltro de ala ancha, acababa de sentarse en el mismo banco que ella. No se dio cuenta de la mirada que ella le clavaba.
Él estaba concentrado en sus recuerdos.
Aquella primera vez en la que sus dedos se movieron torpes y nerviosos.

martes, 2 de junio de 2009

Paja

Así no hay manera.
Duerme mi niño...

Encefalograma plano

Los sentimientos son montañas rusas.
El subconsciente es una montaña rusa.
La locura es una montaña rusa.
Pero ahora mismo todos mis vagones caminan sobre suelo llano.