La noche se marchitaba a su alrededor como una flor seca. Había pasado horas y horas en vigilia constante, trabajando, hablando, bebiendo hasta la embriaguez...y ahora el mundo a su alrededor parecía dar vueltas.
Estaba intentando centrar su vista la esfera del reloj de pulsera cuando una mano le tocó en el hombro.
Alzó la vista, y allí estaba ella.
Dulce y perfecta como una flor, sus pies flotando etéreos como el aroma de la lluvia. Sus ojos azules se clavaron en él, expectantes y asustados como los de un cervatillo. Él no comprendía por qué ella le miraba así.
-Que...¿que te pasa...?-inquirió, tambaleandose hacia atrás. Ahora lamentaba haber bebido tanto.
Ella tembló como una hoja en una tormenta y se aferró a las solapas de su chaqueta. De su pelo llegaba un aroma a flores. Instantáneamente, él deseo abrazarla, tomarla para si, pero se controló. Estaba borracho, pero no era un maleducado.
-Por favor...¿puedes acompañarme? Hace frío...y estoy tan sola...-su voz era suave y melodiosa. Y sensual.
No podía resistirse a semejante petición, y tampoco a semejante mujer. Se quitó la chaqueta y se la puso por encima de los hombros a la chica, mientras con un brazo la cobijaba.
-Venga...te llevare...solo dime...dónde-titubeó.
Ella le miró y sonrió. Ya lo tenía en la palma de su mano. Ahora solamente tendría que llevarlo a algun callejón oscuro...y habría terminado el encargo.
Feliz veraneo
Hace 12 años