Se despertó sudando, agobiada por el calor. La fina tela del pijama se le pegaba al cuerpo, impidiendole el movimiento e incomodandola profundamente.
Con la mano derecha se fue desbrochando los botones de la parte superior, agobiada, mientras con la derecha se quitaba los pantalones cortos. Mucho mejor.
Hacía dias que la temperatura había subido, pero no lograba acostumbrarse a ella. Los dias pasaban lentos y pesados, con aquel viento ardiente del exterior recluyendo a la gente en sus casas hasta las horas nocturnas. Entonces salían a tomar algo con sus amigos, o sencillamente a sentarse junto a la puerta y ver pasar a la gente.
Ella no. Se había mudado a aquella ciudad de piedra ardiente en Enero, cuando daba la impresión de que el clima iba a ser frio y húmedo eternamente. Pero no; en aquella ciudad infernal podías caminar por el asfalto y que las suelas se quedaran pegadas al suelo. El problema era que ella esta acostumbrada a vivir de dia y dormir de noche, y aquel calor le impedia dormir. Y de dia estaba tan cansada que apenas podia hacer nada.
El calor era un grillete al rojo que no se podía quitar.