Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de junio de 2009

Poesia de estas cutres que parecen escritas en el borde del libro de lengua

Ya lo pensaste, amiga
ya sabes que todo acaba en desastre.
La decisión sombría de una vida sin sueños
sería vivir sin amarte.
Y aunque me quede el arte,
sería escapar de lo bueno,
mandarlo todo al traste.
Asi que dejame besarte
y soñar.

domingo, 26 de abril de 2009

El árbol

Era un día lluvioso de primavera.
Los cielos estaban cubiertos de nubes, caldeadas por el sol que les golpeaba desde arriba, y abajo la humedad y el calor podían haber llegado a ser molestos.
Estaba sentado a los pies de un árbol. Las hojas no se movían, pero al mirar hacia arriba podía ver las ramas cubriendole, abrazándole. Las ramas que le contaban historias, de cuando aquello había sido un inmenso bosque. De cuando había estado rodeado de hermanos, y había hablado con ellos todos los días. No eran historias tristes; eran historias de felicidad, de dulce agua fresca y de pájaros cantando.
Y aunque con el paso del tiempo sus hermanos habían ido desapareciendo y ya solo quedaban unos pocos y los hombres habían construido un camino y ya nadie se paraba a hablar con él, aun así el árbol no guardaba rencor. Y si un caminante se paraba a hablar con él, contaba las largas historias de susurros al viento y contaba la larga historia de calmo silencio y de feliz luz del sol.
A veces el caminante le respondía. Le contaba sus penas y sus alegrías. Le decía de donde venía y hacia donde iba. Le contaba como era el roce de la piel amada, llorar una noche por su ausencia, reir por una broma y responder a una sonrisa. Le contaba que solo quedaban unos pasos para volver a ver a esa persona...y que al verla le hablaría de las historias del árbol, de sus sueños y de su larga sonrisa.
Le daría las gracias porque, pese a que a veces el cielo estaba oscuro y a veces el calor asfixiaba, pese a la soledad y al paso del tiempo, ella también le cubría con sus ramas y le contaba sus historias.

lunes, 20 de abril de 2009

Cómo sentirse bien

En el balcon de casa. La brisa me golpea la cara y me agita el pelo alrededor de los ojos, no me deja ver. Me lo aparto con una mano, mientras la otra descansa en la barandilla.
Debajo, pequeños como hormiguitas, veo tipos atareados con maletines. A algun sitio tendrán que ir, si van tan rápido. La luz del atardecer golpea de plano la pared de la casa, y todo está inundado de esa luz anaranjada. Las nubes se deslizan, perezosas, por el cielo, sin querer alejarse de los rayos aun cálidos del sol de septiembre.
Una caricia en mi nuca me produce un repentino escalofrío.
Mis ojos se cruzan con su sonrisa, y al apoyar su cabeza en mi hombro noto su cabello haciendome cosquillas en la mejilla.
Su mano acaba de apoyarse en la mia, y me doy cuenta del frío que hace fuera.
-¿Tienes frío?-a veces parece como si me leyera la mente.
Un poco. ¿Quieres acercarte un poco más?
Así.
Sonrio.
El vuelo de las golondrinas corta el aire, y sus chillidos bajan y suben. Hay un nido sobre nuestras cabezas, en la esquina de arriba del balcon, y algunas se meten dentro, sus alas sobresaliendo mientras se cuelan en el hueco de barro.
El verano se esta acabando...una vez mas. Los dias se van acortando, el frío se va acercando cada vez mas, y las golondrinas emigraran a climas mas calientes.
A mi no me hace falta emigrar. Ya no.
Abrázame un poco mas fuerte. Te sonrio.
Y me sonries.