Hacia que dirección se esfuma la piedra, chillaron los animales a coro, viendo sus años de infortunio a punto de acabar. La luna goteaba, traicionera, abriéndose en canal y soltando plateadas tripas sobre los caminantes, que gemían de placer.
Sin embargo, de no haber sido por la hiedra nada de esto habría ocurrido.
Susurra, susurra, susurra la tercera repetición del ciclo de los triangulos alados, penes multiformes que se zambullen en mares de gorgoteo, mientras mas allá la sangre corre y los gritos resuenan. En la oscuridad incipiente de las mentes dormidas, donde todo es llanto, miedo, sexo, dolor, placer y prohibirse a si mismo lo que uno mismo quiere, en ese nucleo sosegado es donde duermen mis palabras.
Una caña de pescar saca peces podridos y corruptos, peces que comes y masticas y escupes y lames del suelo. El grito resuena en las negras paredes de la caverna, en la negrura de los hombres albinos y estúpidos, donde miramos como cristales se funden hasta ser estrellas que ladran, gimen, VITOREAN DESPROPORCIONADAS EL FESTIN DE SANGRE Y LUJURIA de una mente que, sin ser tuya, se refleja y se va hundiendo poco a poco, y sin embargo se encuentra siempre por encima del lodo.